Sistemas de alerta por calor, anticipando las temperaturas extremas antes de que lleguen

La última semana de mayo de 2026 dejó una imagen difícil de olvidar. Termómetros rozando los 40 grados en el centro y el sur peninsular, con valores entre 10 y 15 grados por encima de lo normal para la época. No era todavía verano, pero lo parecía.

Detrás de aquel episodio, una cúpula de calor mantuvo el aire cálido estancado sobre gran parte de Europa durante días. Pero el nombre técnico importa menos que la tendencia de fondo. El calentamiento global está adelantando y prolongando las olas de calor, y cada año se saldan con más víctimas.

Los números lo dicen sin rodeos. Según el sistema MoMo del Instituto de Salud Carlos III, el verano de 2025 dejó 3832 muertes atribuibles al exceso de temperatura en España, casi un 88% más que el año anterior. Más del 95% eran personas mayores de 65 años.

Cómo funcionan los sistemas de alerta por calor en España

El Plan Nacional de Actuaciones Preventivas frente al exceso de temperaturas lleva activo desde 2004. Divide el país en 182 zonas de meteosalud y, para cada una, fija un umbral de temperatura a partir del cual la mortalidad empieza a repuntar.


Sobre ese umbral se asignan cuatro niveles de riesgo, del verde al rojo, que las autoridades sanitarias y de protección civil utilizan para activar protocolos. La materia prima de todo el sistema son las predicciones de temperatura máxima que la AEMET elabora cada día. Sin datos fiables y actualizados, no hay aviso que valga.

Gráfica MoMo de mortalidad notificada, observada, esperada y atribuible a temperatura. Verano 2025. Fuente: Instituto de Salud Carlos III.

Ahí aparece el primer punto débil. Los avisos se calculan sobre zonas amplias, y una sola zona de meteosalud puede abarcar comarcas enteras con microclimas muy distintos. Lo que ocurre dentro de una ciudad, donde el asfalto y la falta de sombra elevan la temperatura varios grados respecto a las afueras, queda por debajo de esa resolución.

La medición en exteriores, el esqueleto de cualquier aviso

Un sistema de alerta por calor es tan bueno como la red de sensores que lo alimenta. Cuanto más densa y mejor distribuida está esa red, más preciso es el aviso y antes llega a quien tiene que actuar.

En Arantec instalamos y mantenemos
estaciones meteorológicas automáticas para redes públicas como la del Meteocat, que miden temperatura y humedad de forma continua. Esa infraestructura es la que permite pasar de un mapa de provincias a un seguimiento fino del territorio.

Las
islas de calor urbanas muestran bien el margen que queda por recorrer. 

Madrid desplegó hace años una
red de sensores para cartografiar estas diferencias dentro de la ciudad, pero la cobertura sigue siendo muy desigual de un municipio a otro. Para un técnico de protección civil, saber qué barrio concreto va a sufrir más permite decidir dónde abrir un refugio climático o a quién avisar primero.

Sistema de monitorización instalado por Arantec en Benalmádena (Málaga).

Los espacios interiores, una oportunidad pendiente

Casi todas las muertes por calor ocurren puertas adentro, en viviendas, residencias, hospitales... Y casi todos los avisos se calculan con la temperatura de la calle.

Es una brecha a la que merece la pena prestar atención. Una residencia puede superar los 30 grados en sus habitaciones mientras el aviso exterior marca naranja, sin que nadie lo esté registrando en tiempo real. Los planes autonómicos, como el Plan de Actuación ante Episodios de Altas Temperaturas 2026 de la Comunidad de Madrid, refuerzan la climatización y los protocolos, pero rara vez incorporan medición continua del interior.

Los ayuntamientos tienen aquí un papel relevante. 

Son responsables de la conservación y el mantenimiento de, por ejemplo, los colegios públicos de infantil y primaria, lo que incluye velar por sus condiciones de habitabilidad. 

La monitorización del confort térmico como tal no es una competencia municipal exclusiva, pero sí puede encuadrarse como una herramienta al servicio de ese deber de mantenimiento, especialmente en aulas donde conviven niños que figuran entre los colectivos más vulnerables al calor. Hoy es un terreno casi inexplorado.

Invertir antes, no después

El episodio de altas temperaturas de mayo no será el último, y los modelos coinciden en que estos fenómenos van a empezar a llegar antes y durarán más. Frente al coste de las hospitalizaciones y los dispositivos de emergencia, una red de medición que afine los sistemas de alerta por calor cuesta poco y se amortiza en aquello que ayuda a evitar.

La pregunta para las administraciones ya no es si conviene medir mejor, sino cuánto tiempo más pueden permitirse no hacerlo.